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La sociedad valenciana busca alternativas al duopolio

jueves, 26 de diciembre de 2013

El poder desgasta. Es un hecho. Pero sería una necedad no admitir que la sangría de votos y militantes que sufren las dos grandes fuerzas políticas nacionales, PSOE y PP no es debida exclusivamente a este factor.

Cualquier ciudadano que lea la prensa con regularidad y tenga un ápice de curiosidad en torno a la actividad política, tiene motivos para echarse las manos a la cabeza a diario. Y es que, allá donde la rosa empuñada suelta sus esporas o la gaviota surca el cielo, acabamos vislumbrando lo más zafio y desagradable de la política en su versión más decadente.

Esta decadencia viene provocada por la sistemática colocación y posterior anquilosamiento a discreción de agentes de uno y otro partido en los nichos de poder, instituciones y cuerpos funcionariales, desde los albores de la democracia. Y así nos vemos hoy: con un poder judicial agradecido, un sistema educativo lamentable, corrupción por doquier, erráticas gestiones ejercidas por personajes a los que no se les reconoce actividad profesional previa a la política, velados pactos de Estado que insultan a la inteligencia y a la dignidad colectivas, una banca que impone a unos y otros sus reglas de juego, unos medios de comunicación nada independientes, y unos nacionalistas con patente de corso para atropellar impunemente lo que se les antoje, dentro y fuera de sus límites administrativos, o dentro y fuera del orden constitucional.

La incapacidad del duopolio dominante para atajar todos estos problemas se ha convertido en un mal endémico. La carencia de democracia interna, las simbiosis entre ambos partidos, y la miopía política de haberse entregado a complacer pactados intereses particulares en vez de gobernar para mayorías, hace ya irreversible un proceso de renovación a corto o medio plazo en el seno de ambos partidos. Los que están, no se quieren mover. Y los que se mueven, no salen en la foto.

Y aparecen en el panorama, por pura necesidad, nuevas opciones políticas. Las hay para todos los gustos: con líderes mediáticos o relativamente desconocidos, regionales y nacionales, nuevas o renovadas... pero todas ellas con características esenciales muy similares: aparente democracia interna, promesas de gestión racional y transparente, la política como servicio en vez de como actividad meramente lucrativa, cercanía y soluciones a los problemas de la ciudadanía, renuncia a los privilegios de casta, limitación en sueldos y permanencia en cargos...

Está surgiendo sin duda una nueva hornada de opositores a político, surgida del seno de la sociedad civil para decir "basta" al lastre de la decadencia política e institucional, para recuperar el papel del ciudadano como consultor principal y eje de la gestión pública, y para que las personas sean antes que los territorios, las obediencias a acuerdos de conveniencia o los dictados de partido.


Las elecciones autonómicas de 2015 y generales de 2016 van a ser muy animadas. A la ya conocida opción de Unión, Progreso y Democracia (UPyD), con su mediático diputado por Valencia Toni Cantó, se sumarán con alta probabilidad las opciones de Ciudadanos (Cs), Sociedad Civil y Democracia (SCD), la Reconversión de Santiago Abascal y Alejo Vidal Quadras, Democracia y Libertad Popular (DLP), y el Centro Democrático Liberal (CDL). A nivel regional, encontramos las opciones de Renovació Política (RePo) y Unió, que recientemente han sellado un provechoso e ilusionante acuerdo de integración, y Poble Democràtic, como formaciones valencianistas, tan necesarias en las instituciones, visto el resultado y tibia defensa de los intereses netamente valencianos de los partidos de matriz no valenciana.

La batalla ya está en la calle. Ciudadanos afirma que el 70% de su militancia (cerca de 1.000 afiliados ya) procede del PP. Las demás opciones políticas se nutrirán también de electores que ya han abierto los ojos y no se sienten representados por este duopolio simbiótico, burocratizado, amortizado e inoperante.

Ahora, a esperar. Y mientras tanto, a exigir y dictar propuestas de cambio a todas estas nuevas opciones políticas. Seamos exigentes: es lo mínimo que se espera de nosotros como ciudadanos comprometidos con la sanidad democrática, el progreso económico y el bienestar de la sociedad. 
Llegir sancer...