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Argumentos para derogar la AVL. ¿Quién pone la voluntad política?

martes, 18 de febrero de 2014

Artículo publicado en Vlc News el día 8 de febrero de 2014

Los dictámenes de la AVL sobre la entidad e identidad del valenciano no son cuestión de acuerdos, como propone Serafín Castellano. No hay consenso posible: ni el firme valencianismo está dispuesto a acatar la falsa catalanidad del valenciano, ni el lila y snob catalanismo a renunciar a la inducida y anti-científica creencia de la unidad de lenguas.
Lejos de cumplir la “función de desactivar el conflicto sociocultural y lingüístico valenciano”, tal y como enuncia la Ley de Creación del ente y defiende María José Català – un conflicto, por cierto, provocado por aquellos empecinados en convertir a la Comunitat Valenciana en una periferia de la gran metrópoli catalana -, la AVL toma desde su fundación posiciones parciales, desoye la voluntad mayoritaria del pueblo valenciano y ningunea a los agentes socioculturales netamente valencianos.
Finalmente, el resultado es el mantenimiento del conflicto, un“consenso” que, no por más cacareado es menos falso, y un incumplimiento de expectativas y función principal. Es del todo inaceptable que la AVL establezca que “la llengua pròpia i històrica dels valencians, des del punt de vista de la filologia, és també la que compartixen les comunitats autònomes de Catalunya i de les Illes Balears i el Principat d´Andorra. Els diferents parlars de tots estos territoris constituïxen una llengua, és a dir, un mateix sistema lingüístic”, contraviniendo claramente la propia Ley de Creación de la entidad y el Estatut d´Autonomia de la Comunitat Valenciana, que establece en su artículo sexto que el valenciano es la lengua propia de la Comunitat Valenciana, otorgándole a éste la categoría que le corresponde, la de idioma, no la de dialecto o variedad diatópica de ningún sistema lingüístico superior, y subvirtiendo la realidad al afirmar que “el valenciano, idioma histórico y propio de la Comunidad Valenciana, forma parte del sistema lingüístico que los correspondientes Estatutos de autonomía de los territorios hispánicos de la antigua Corona de Aragón, reconocen como lengua propia”. El Estatut valenciano no reconoce el catalán como lengua propia. Y el Estatut está por encima de la Ley de Creación de la AVL.
Al analizar el artículo 3 de la Ley de Creación de la AVL, “la Academia Valenciana de la Lengua es la institución que tiene por función determinar y elaborar, en su caso, la normativa lingüística del idioma valenciano. Así como, velar por el valenciano partiendo de la tradición lexicográfica, literaria, y la realidad lingüística genuina valenciana, así como, la normativización consolidada, a partir de las llamadas Normas de Castellón”, observamos nuevas incongruencias:
¿Normativización consolidada a partir de las bases de Castellón? El artículo 3 queda automáticamente invalidado: si existe una normativa reciente, que ha gozado de consolidación y oficialidad, es la normativa de la RACV, conocida como Normas del Puig, refrendada por más de 1.000 firmas de prestigiosos eruditos y el consenso de todas las entidades culturales valencianas, todo ello notarialmente certificado en 1978. La Ley de Creación de la AVL no puede ignorar esa circunstancia y tomar partido por unas bases ortográficas que jamás han tenido oficialidad ni aceptación mayoritaria de la sociedad valenciana, y sólo han sido utilizadas y defendidas en entornos minoritarios afines al pancatalanismo, apenas refrendadas en 1932 por dos entidades culturales, un ayuntamiento (Castelló), un seminario, ocho sociedades valencianas y cincuenta y dos firmas particulares.
Tampoco podemos ignorar cómo la normativa de la AVL y su tristemente recién estrenado diccionario normativo no parten en absoluto de la tradición lexicográfica, literaria, ni la realidad lingüística valenciana. Nos dicta la AVL que palabras (por poner algunos ejemplos muy gráficos) como “giner” o “tipo” son “coloquialismos”, y que la formas correctas son “gener” y “tipus”. De palabras como “mosatros” o “atre” no hay ni rastro en el diccionario. Sin embargo, no escuchará el lector en la calle ni leerá en ningún texto no pasado por el tamiz de la normativización parcial a la que nos someten nuestras propias instituciones, las palabras “altre”, “nosaltres”, “gener” o “tipus”, palabras que sí recoge el diccionario de la AVL.
Pasemos ahora a analizar el artículo 7 de la Ley de Creación de la AVL, que en su sección d establece como función de la entidad “velar por el uso normal del valenciano y defender su denominación y entidad”. Podemos discernir que la entidad incumple flagrantemente otra de sus funciones primordiales, ya que en absoluto defiende la denominación y entidad de la lengua valenciana.
No defiende su denominación, ya que establece la doble denominación valenciano – catalán y su uso indistinto. Pero esto es consecuencia directa de no defender su entidad como lengua propia, singular e independiente. A pesar de que el valenciano reúne todos y cada uno de los requisitos que establece la ciencia filológica para ser considerado como lengua: tradición literaria, normativa y diccionario propios, yconciencia lingüística de sus hablantes. Jamás una variedad dialectal de una lengua alcanzó una plenitud literaria tal que le permitiera llegar a disfrutar de un Siglo de Oro. Ni es cierto que a lo largo de la historia hayan coexistido las denominaciones de valenciano y catalán para referirse a la misma lengua, como se expresa falazmente en el dictamen fundacional de la AVL, con el objeto de justificar lo injustificable. Al contrario, existen numerosas pruebas bibliográficas a lo largo de los siglos de traducciones de una a otra lengua. El mismo catalán era considerado a finales del siglo XIX como una variedad dialectal del occitano-provenzal por la romanística. El incipiente nacionalismo catalán se encargó desde entonces, a golpe de falsificación documental y difusión de falacias, de comprar para su dialecto la categoría de “lengua”. Una neolengua, a mi entender, cocinada ad hoc a partir del dialecto hablado en Barcelona, aliñada generosamente con el valenciano de los clásicos de los siglos XIV y XV, y salpimentada con galicismos a discreción, sobre la cual auto-edificarse como mitológica nación.
El valenciano parece ser, para los “académicos” de la AVL, la única lengua conocida a la cual se le atribuye la dualidad de ser al mismo tiempo lengua y dialecto. Esta circunstancia, obviamente, es imposible en términos científicos y reales. Pero el hecho de actuar como agentes del pancatalanismo les conduce a mantener posiciones inverosímiles, solo justificables políticamente por aquellos que siguen encabezonados en zanjar desde la parcialidad y el perjuicio a la singularidad delidioma valenciano un conflicto que sigue y seguirá vivo mientras no se respete la voluntad mayoritaria de la sociedad valenciana.
El criterio de inteligibilidad entre ambas lenguas, otro de los recursos fáciles a la hora de justificar la unidad, no es tampoco argumento suficiente para afirmar su unidad. ¿En qué grado es capaz el lector de entender a un gallego o a un italiano, sin ser ello condicionante para considerar que el interlocutor habla la misma lengua?
Es totalmente cierto que el valenciano está reconocido como lengua regional o minoritaria, independiente del catalán, tanto en la Carta Europea de Lenguas Minoritarias como en la Killilea Resolution de la UE. ¿Cómo es posible que se otorgue mayor reconocimiento a la lengua de los valencianos fuera que dentro de nuestras fronteras, y que no se respete una singularidad idiomática reconocida nacional e internacionalmente?
El mismo presidente del CJC, sr. Garrido, que recientemente ha declarado a petición del Consell que “el valenciano será lo que la AVL diga que es”. Sin embargo, en 2004, el mismo CJC presidido por el sr. Garrido dejaba claro que la AVL no tiene entre sus competencias definir qué es el valenciano, sino simplemente limitarse a realizar las funciones descriptivas de la lengua valenciana atribuibles a una academia lingüística. La AVL no realiza en absoluto esta función descriptiva de la lengua, sino una función impositiva de un modelo lingüístico totalmente ajeno a la lengua que habla el pueblo valenciano, y de una definición despersonalizadora y alienante.
Los doctos “académicos” de la AVL, que en gran parte son al tiempo miembros del Institut d´Estudis Catalans, y todos ellos reconocidos y laureados escritores, filólogos, críticos literarios y eruditos de las letras catalanas, distan mucho de ser, como propugna la Ley de Creación de la AVL “destacadas personalidades de las letras y de la enseñanza con una competencia lingüística y una producción reconocidas en el campo del valenciano” (otro incumplimiento a la lista de la propia Ley de Creación de la entidad). Y, como el dinero es mejor digestivo que el licor de hierbas o la sal de frutas, los jugosos emolumentos de los académicos, que rondan los 6.000 euros mensuales, facilitan la, supongo que pesada, digestión de la mentira, la manipulación y la falsificación histórica dirigidas a perpetrar un genocidio cultural increíble en la España libre y democrática del siglo XXI.
La creación de la AVL responde exclusivamente al resultado de una negociación política entre partidos políticos de matriz no valenciana, PP y CiU, y nunca a la voluntad de los propios agentes y entidades socioculturales valencianas. El Partido Popular valenciano tiene en sus manos revertir una situación que ellos mismos provocaron en 1996, acogiéndose a los argumentos que he planteado en este artículo, o seguir alimentando a un monstruo que ha fagocitado ya más de 50 millones de euros con la única finalidad de alienar al pueblo valenciano y alimentar el proyecto de construcción de la nación cultural catalana.
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