El genocidio cultural valenciano

jueves, 20 de febrero de 2014

Según Wikipedia, el término «genocidio cultural» ha sido empleado para describir la destrucción de patrimonio cultural en conexión con varios eventos:

En referencia a las políticas de las potencias del Eje (principalmente, la Alemania nazi) hacia algunos países en la Segunda Guerra Mundial, como la destrucción de la cultura polaca.

La supresión llevada a cabo por el Imperio del Japón del idioma coreano, las tradiciones, nombres y la enseñanza de la historia de Corea durante la Ocupación japonesa de Corea de 1910 a 1945 ha sido mencionada como un caso de genocidio cultural, aunque algunos académicos japoneses han discutido el uso del término.

En 1989, Robert Badinter, un abogado penalista francés conocido por su postura contra la pena de muerte, usó el término «genocidio cultural» en un programa de televisión para describir lo que dijo fue la desaparición de la cultura tibetana en presencia del 14º Dálai Lama. Por su parte, el Dálai Lama usaría más tarde el término en 1993 y en el contexto de los disturbios en el Tíbet de 2008.

La destrucción de la cultura polaca por los nazis, la de la cultura coreana por los japoneses, o la de la cultura tibetana por los chinos son ejemplos indiscutibles de cómo actúa cualquier imperialismo asimilacionista.

El caso valenciano es perfectamente comparable a los de Polonia, Corea o Tíbet: un invasor, más o menos belicoso, que pretende extinguir la cultura del territorio ocupado para implantar la propia. En nuestro caso, la "ocupación" ha sido silenciosa, sibilina, de diseño: un despliegue de ingeniería social enfocado y perpetrado desde Cataluña durante un siglo, con la inestimable colaboración de elegidos valencianos quintacolumnistas que han cargado onerosamente con la responsabilidad de difundir las patrañas del nacionalismo catalán en foros de opinión política, ámbitos universitarios y entornos culturales.

El catalanismo se arroga eso del "derecho a decidir", pero niega a aragoneses, baleares y valencianos nuestro derecho a decidir seguir siendo lo que somos y no querer ser, sentirnos o hablar catalán. Curiosa forma de reivindicar derechos: aplicar la "ley del embudo" después de la injerencia y la imposición de su doctrina.

Y ejercen por sistema un vergonzoso falso victimismo: ahora pretenden denunciar a las CCAAs aragonesa, balear y valenciana por no respetar sus excluyentes e impositivos dictados lingüísticos, y van lloriqueando por foros internacionales poco menos que España les roba y les ha declarado la guerra.  
Afortunadamente, algo está cambiando en la sociedad valenciana: las entidades cívicas y culturales valencianistas se están movilizando contra las impresentables prácticas fascistas del catalanismo, dentro y fuera de nuestros límites territoriales. Lástima que nuestros representantes políticos vivan, la mitad de ellos, abocados todavía al pesebre catalanista, y la otra mitad, abonados a los complejos, las medias tintas y la tibieza a la hora de pintar con un color vistoso la raya que ponga freno a este genocidio cultural silencioso, agónico y lento que sufre el pueblo valenciano.






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